miércoles, 9 de agosto de 2017

Pequeños pero no tontos. Un artículo de Sergio Del Molino (El País).


La corrección política se antepone a la calidad literaria en las lecturas recomendadas en las aulas


Frente al mantra que atribuye una bondad intrínseca a la lectura (a cualquier lectura), se abren fosos que discriminan libros buenos y malos, apropiados o inapropiados, fáciles o difíciles. Todo el mundo está de acuerdo en que hay que fomentar el gusto por la literatura en las aulas. Cómo hacerlo y con qué lecturas, es otra cuestión. ¿Hasta dónde deben intervenir los profesores? ¿Qué libros deben poner los padres fuera del alcance de sus hijos, como si fueran medicamentos o lejía? ¿Cuál es el papel de las editoriales, como primeros filtros en la selección de lecturas? ¿Y la responsabilidad de los autores de infantil y juvenil? ¿Qué hacer cuando un joven pide ayuda al autor de un libro que considera humorístico pero que su padre considera veneno? Son cuestiones tan espinosas como importantes, pues implican censura, formación del gusto y libertad de expresión y de acceso a los contenidos en una sociedad que presume de libre. En definitiva, el tablero donde se juega el futuro de la literatura, la incubadora de la que saldrán los lectores de mañana.

Los programas de lectura en los centros educativos son una parte importantísima de este embrollo. En ellos, las editoriales, los autores, los docentes y los padres cohabitan en una simbiosis que condiciona la forma, el tono y los contenidos de los libros que llegan al mercado. “La independencia editorial prevalece, pero es interesante y deseable escuchar a la comunidad lectora. Nuestros lectores nos ayudan y orientan con sus comentarios y opiniones”, explica Inés Pons, responsable de promoción escolar del grupo Planeta. Se refiere a lo que en argot editorial se llama línea de prescripción, es decir, colecciones literarias diseñadas para su lectura en los centros educativos, que se venden como complemento a los libros de texto a un precio menor que las destinadas a las librerías. Aunque están en retroceso, ya que los centros no compran tantos lotes de libros como antes de la crisis, muchos sellos las mantienen y hay autores que escriben fundamentalmente para ellas, lo que suele conllevar un programa intensivo de charlas a los alumnos. CONTINUAR LEYENDO

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