viernes, 19 de mayo de 2017

Compartir lecturas, conjugar culturas... Una conferencia de Michèle Petit.

Hoy quiero mencionar tres elementos que considero esenciales en la historia de jóvenes que han podido resistir mejor a los procesos de exclusión gracias a la lectura. Tres elementos que en la realidad están entrelazados y que forman una sola y única experiencia. El primer elemento consiste en partir de situaciones de intersubjetividad gratificante, que la escuela, la biblioteca u otro espacio, un centro cultural, una asociación, etcétera, hacen posible. Todo parte de encuentros personalizados, de una acogida cálida, de una hospitalidad.

A partir de ahí, el segundo aspecto tiene que ver con que la lectura abre paso a lugares y tiempos que permiten construir un país interior, un espacio psíquico donde la conjunción, el compartir universos culturales, podrán realizarse. La lectura hace posible la narración interior. Y ése es el tercer elemento. Leer permite desencadenar una actividad narrativa y construir puentes entre los eslabones de una historia y entre universos culturales diferentes.

Para los niños cuyos padres han sido estigmatizados, cobra suma importancia la hospitalidad, el ser reconocido en su singularidad, el ser llamado por su nombre, escuchado.Y además, que lo haga alguien que no es de la familia, que es de "otro mundo", y que considera al niño con otra mirada. Alguien que parece disponer de un conocimiento sobre el niño, que él mismo aún no posee.

Necesitamos al otro para revelar nuestra propia fotografía. Las primeras devoluciones que el niño tiene son fundamentales, pues de ellas dependerá, en gran medida, su desarrollo. Todos los especialistas reconocen el papel determinante del intercambio precoz de la madre, o de la persona que la sustituya, con su bebé, al regular la actividad psíquica del niño. De manera similar, los libros anticipan, devuelven un eco en forma articulada y estética de lo aún inefable. Sin el otro, no hay sujeto. Dicho de otro modo, la relación, el gesto de compartir, el intercambio, son la base misma de la cultura, constituyen el inicio mismo de la interioridad, que no es un pozo donde buceamos sino algo que se construye entre dos, a partir de un movimiento hacia el Otro. Constituyen el principio mismo de la identidad, que se crea en un movimiento hacia el Otro, en un salir de sí, una curiosidad. CONTINUAR LEYENDO

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