lunes, 3 de abril de 2017

La filosofía y la literatura como vías de conocimiento: "La sociedad del desprecio" de Axel Honneth y "El hombre invisible" de Ralph Ellison.


Este libro reúne los ensayos más importantes escritos por Axel Honneth (discípulo de Jürgen Habermas) entre 1981 y 2001. Estos textos recapitulan las principales estaciones de su pensamiento: no solo el giro imprimido a la teoría Crítica en el sentido de una teoría del reconocimiento, sino tambiénn la pluralidad de campos en los que se desarolla su filosofía y la dirección en la que esta se orienta. El giro "recognoscitivo" -que busca salvar algunos de los déficits de la Teoría Crítica- describe una espiral continua qe transita desde el análisis de las patologías sociales hasta el estudio de las patologías de la razón. Se inscribe así en un proyecto más amplio que, desde la "lucha" asociada al reconocimiento, pretende examinar sus negaciones, es decir, aquellas manifestaciones que se expresan en nociones como "desintegración", "desgarramiento", "patología", "cosificación" o "desprecio".

A lo largo de los diferentes ensayos aparece una novela que es citada con bastante asiduidad. Se trata de "El hombre invisible", de Ralph Ellison. Este clásico es el relato en primera persona de quien se describe a sí mismo como un "hombre invisible", no por una anormal condición fisiológica, sino porque la sociedad permance ciega ante él; se niega a verlo. El autor, desgrana así, desde el presente oscuro, "bajo tierra", del protagonista, las preocupaciones sociales e intelectuales de su tiempo con crudeza y sensibilidad, y que han trascendido a nuestros días. Fue publicada en 1952.

Se podrían citar muchos pasajes de ambos textos, pero en este caso me detengo en uno de la novela de Ellison en el que se centra en una cuestión muy actual como es la DIVERSIDAD y en la que proclama que NUESTRO DESTINO ES LA UNIDAD EN LA VARIEDAD. A que os suena.

"¿De dónde proviene esta pasión por la uniformidad?  ¡La clave está en la diversidad! Si se respetara la diversidad! Si se respetara la diversidad entre los hombres, no habría tiranías. Si persisten en esta manía de la uniformidad, terminarán obligándome -a mí, hombre invisible- a convertirme en blanco, y el blanco no es un color, sino la carencia de todo color. ¿Debo procurar carecer de color? Hablando seriamente y sin esnobismos: imaginad cuánto perdería el mundo si se llegara a esa uniformidad. Estados Unidos está formado de muy distintas piezas. Creo que lo mejor sería reconocer la legitimidad de todas ellas y no imponerles la obligación de alterar su modo de ser. “Ni vencedores ni vencidos”, esta es la gran verdad de nuestro país y de cualquier otro país. La vida debe ser vivida, no ahogada por mil limitaciones reguladoras. Y la dignidad humana se alcanza al seguir en juego, después de una derrota. NUESTRO DESTINO ES LA UNIDAD EN LA VARIEDAD. No se trata de una profecía, sino de una descripción. Una de las mayores paradojas de nuestro mundo se advierte en el espectáculo de los blancos empeñados en huir de cuanto sea negro y ennegreciéndose cada día; y en el de los negros esforzándose en convertirse en blancos, par lograr, tan solo, ser descoloridos grises. Ninguno de nosotros parece saber quién es, ni a dónde se dirige.” (página 631)



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