jueves, 14 de diciembre de 2017

En el fondo del caño hay un negrito. Un cuento de José Luis González (República Dominicana, 1926 - México, 1997). Un cuento referenciado por Sarah Hirschman en su libro, "Gente y cuentos. ¿A quién pertenece la literatura?

Sarah Hirschman en su libro "Gente y cuentos" cita varios cuentos que leyeron dialógicamente de forma comunitaria, es decir, compartida. Los pone como ejemplo de sesiones que llevaron a cabo y reflexiona sobre algunos comentarios que surgieron a raíz de su lectura. Éste, "En el fondo del caño hay un negrito", es uno de ellos. En próximas entradas iré poniendo otros. Son cuentos muy interesantes por sí mismos, pero si podéis leer el libro de Sarah, veréis que también os servirán para mejorar u organizar nuevos grupos de lectura, es decir, nuevas Tertulias Literarias o Clubes de Lectura.

En el fondo del caño hay un negrito
José Luis González

La primera vez que el negrito Melodía vio al otro negrito en el fondo del caño fue en la mañana del tercero o cuarto día después de la mudanza, cuando llegó gateando hasta la única puerta de la nueva vivienda y se asomó para mirar hacia la quieta superficie del agua allá abajo.
Entonces el padre, que acababa de despertar sobre el montón de sacos vacíos extendidos en el piso, junto a la mujer semidesnuda que aún dormía, le gritó:
—¡Mire... eche p'adentro! ¡Diantre'e muchacho desinquieto!
Y Melodía, que no había aprendido a entender las palabras pero sí a obedecer los gritos, gateó otra vez hacia adentro y se quedó silencioso en un rincón, chupándose un dedito porque tenía hambre.
El hombre se incorporó sobre los codos. Miró a la mujer que dormía a su lado y la sacudió flojamente por un brazo. La mujer despertó sobresaltada, mirando al hombre con ojos de susto. El hombre rió. Todas las mañanas era igual: la mujer salía del sueño con aquella expresión de susto que a él le provocaba un regocijo sin maldad. La primera vez que vio aquella expresión en el rostro de su mujer no fue en ocasión de un despertar, sino la noche que se acostaron juntos por primera vez. Quizá por eso a él le hacía gracia verla despabilarse así todas las mañanas.
El hombre se sentó sobre los sacos vacíos.
—Bueno—se dirigió entonces a la mujer—. Cuela el café.
Ella tardó un poco en contestar:
—Ya no queda.
—¿Ah?
—No queda. Se acabó ayer.
Él empezó a decir: “¿Y por qué no compraste más?”, pero se interrumpió cuando vio que en el rostro de su mujer comenzaba a dibujarse aquella otra expresión, aquella mueca que a él no le causaba regocijo y que ella sólo hacía cuando él le dirigía preguntas como la que acaba de truncar ahora. La primera vez que vio aquella expresión en el rostro de su mujer fue la noche que regresó a casa borracho y deseoso de ella pero la borrachera no lo dejó hacer nada. Tal vez por eso al hombre no le hacía gracia aquella mueca. CONTINUAR LEYENDO


martes, 12 de diciembre de 2017

"Gente y cuentos. A quien pertenece la literatura?". Un libro de Sarah Hirschman, iniciadora de las Tertulias Literarias Dialogicas en 1972

Es un libro que me recomendó no hace mucho Juan Mata en un curso que impartió en Logroño sobre "Lectura en voz alta". Y para mí ha sido todo un descubrimiento. Cuando leí cómo nació este movimiento, esta forma de compartir la lectura, me di cuenta de que había descubierto a la persona que inició en 1972 las Tertulias Literarias Dialógicas. Y otra cosa que me impresionó, es que todo el trabajo lo hacen con cuentos, con cuentos literarios o de autor o autora. Algo que yo vengo haciendo desde hace algunos años, compaginándolo con libros, y por lo que he sido cruelmente -sin argumentos- criticado, vilipendiado y calumniado por las personas que pretenden adueñarse de las Tertulias Literarias. Veamos aquello que ya en el prólogo, me sorprendió agradablemente.

"En 1969, Hirschman asistió en Harvard a un seminario de Paulo Freire, filósofo y educador brasileño, quien desarrolló programas de alfabetización con el fin de fortalecer la toma de conciencia. Está concientización, escribe Hirschman, se da “en la medida en que la gente profundiza en la comprensión de su condición e intenta mejorar su control sobre esta”. Esta forma de aprendizaje sustituye “lo que Freire rechaza desdeñosamente como educación “bancaria”, en la que los maestros depositan información nueva que consideran importante en las mentes de estudiantes condescendientes y pasivos”. [...] Hirschman se preguntó si “las múltiples, ricas y complejas obras literarias”, y en particular los cuentos, podían tener el mismo efecto de liberación y empoderamiento; si una educación basada en discusiones alrededor de relatos literarios podría mejorar visiblemente las condiciones de vida de los menos privilegiados.

Hirschman inició el programa Gente y cuentos en 1972, en un conjunto habitacional para gente de bajos ingresos en Cambridge, Massachusetts, cuando invitó a participara de manera informal a un grupo de jóvenes madres latinas que, sentadas en los escalones de la entrada, cuidaban de sus hijos. Desde entonces hasta ahora,Hirschman ha trabajado sin descanso en el mejoramiento y la institucionalización de su programa. Las sesiones en inglés se agregaron en 1986, y desde entonces People and Stories/Gente y cuentos, como se llama ahora, se ha convertido en una organización formal sin fines de lucro, con programas en más de 14 estados en Estados Unidos, América Latina y Francia."

Aquí os dejo un enlace en el que aparecen los que en mi opinión son los trozos más significativos del libro. Aunque mi recomendación es que lo leáis, porque aclara muchas cosas acerca de la Lectura Compartida. También puede ser interesante ver estos vídeos.



lunes, 11 de diciembre de 2017

Los cuentacuentos de la pobre y violenta barriada de Guadalajara (México).

Los asistentes al cuentacuentos en Santa Cecilia, Guadalajara
A pocos kilómetros de la famosa Feria del Libro de Guadalajara (México), un grupo 
de personas sin estudios, incluso ex guerrilleros, "escriben" los relatos de sus propias vidas.

"Digo mi pasado, ¿pero me pertenece si ya no está? Digo mi futuro, ¿pero hasta dónde es mío si no llega? Digo mi presente, y en cuanto callo deja de serlo", ha escrito y declama Berta Gutiérrez, una poetisa y ex "guerrillera" que pasó cinco años en prisión por estar relacionada con un grupo llamado Los Vikingos en los años 70. Hoy es maestra y frecuenta el taller literario y de expresión oral El Barrio toma la palabra, del Centro Cultural Santa Cecilia, una colonia pobre y muy conflictiva de la ciudad de Guadalajara. Su verso es casi tan profesional como su vida son casi llagas.

A pocos kilómetros de esta colonia periférica e históricamente violenta, en el centro de la ciudad, se desarrolla desde el 25 de noviembre la Feria del Libro de Guadalajara, la más importante del mundo en español y por donde han pasado las mejores plumas del planeta. Santa Cecilia es ejemplo de las historias que narran esos famosos escritores. A su drama le ha ocurrido siempre que ha sido narrado por los otros y, ahora, sus habitantes han decidido contar ellos sus propias vidas. "Cuando empezamos lo primero que nos dijeron es que no tenían nada que contar. ¿Qué podemos decir si no sabemos leer?", explican Armando Trejo y Martha Ibarra, los dos monitores del taller, que les dijeron los alumnos al comenzar.

"La vida de cada persona es una novela", mantiene sin embargo hoy una de las participantes mientras otra mujer mayor, con su pelo recogido y su gesto dulce, incide en que "cada historia, cada persona, es un cuento que tenemos dentro". CONTINUAR LEYENDO

domingo, 10 de diciembre de 2017

Cuando los tontos mandan. Por Javier Marías.

El problema no es que haya idiotas desaforados exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles.

Lo comentaba hace unas semanas Jorge Marirrodriga en este diario: el sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres “ha exigido que desaparezcan del programa filósofos como Platón, Descartes y Kant, por racistas, colonialistas y blancos”. Supongo que también se habrá exigido (hoy todo el mundo exige, aunque no esté en condiciones de hacerlo) la supresión de Heráclito, Aristóteles, Hegel, Schopenhauer y Nietzsche. La noticia habla por sí sola, y lo único que cabe concluir es que ese sindicato está formado por tontos de remate. Pero claro, no se trata de un caso aislado y pintoresco. Hace meses leímos –en realidad por enésima vez– que en algunas escuelas estadounidenses se pide la prohibición de clásicos como Matar a un ruiseñor y Huckleberry Finn, porque en ellos aparecen “afrentas raciales”. Dado que son dos clásicos precisamente antirracistas, es de temer que lo inadmisible es que algunos personajes sean lo contrario y utilicen la palabra “nigger”, tan impronunciable hoy que se la llama “la palabra con N”.

El problema no es que haya idiotas gritones y desaforados en todas partes, exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles. Un comité debía deliberar acerca de esos dos libros (luego aún no estaban desterrados), pero esa deliberación ya es bastante sintomática y grave. También se analizan quejas contra el Diario de Ana Frank, Romeo y Julieta (será porque los protagonistas son menores) y hasta la Biblia, a la que se objeta “su punto de vista religioso”. Siendo el libro religioso por antonomasia, no sé qué pretenden los quejicas. ¿Que no lo tenga? CONTINUAR LEYENDO
Fuente: elpaissemanal.elpais.com

viernes, 8 de diciembre de 2017

'Hola, putero', el vídeo de YouTube que lucha "sin eufemismos ni tabúes" contra la prostitución.

200 países, 200 libros: un viaje por la literatura de todo el mundo El escritor Ernesto Filardi se ha propuesto leer un libro de cada país.

Ernesto Filardi ha leído muchos libros. "Muchísimos", corrige a Verne por teléfono. ¿De dónde son la mayor parte? Pues lo habitual: de España, de otros países europeos, de Latinoamérica, de Estados Unidos... A finales de octubre empezó un proyecto que explora más allá: la web 200 países, 200 libros. "Voy a leer un libro de cada país del mundo e iré publicando las reseñas", cuenta el dramaturgo, novelista y poeta, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá y residente en Toronto (Canadá) desde 2013.

La primera parada en su viaje por el mundo ha sido Mauricio, una isla del Índico en la que viven poco más de un millón de personas. Se trata de El último hermano, de la autora mauriciana Nathacha Appanah. "Es un libro muy cortito que habla sobre la multiculturalidad de la isla. Es apasionante", dice Filardi. Publicó la reseña el 29 de octubre, la primera de las casi 200 que difundirá en su web. La ONU cuenta con 193 países miembros y otros dos miembros observadores, "pero quedaba mejor un número redondo".

Filardi, hijo de españoles, nació en Toronto, pasó la mayor parte de su vida en Alcalá de Henares (Madrid) y volvió a Canadá en busca de empleo. "Aquí estoy conociendo una sociedad muy multicultural. Te encuentras a personas de muchos países", dice el escritor, que trabaja en la red de escuelas públicas de la ciudad. Canadá es un país con fama de acogedor para los inmigrantes. Fue uno de los más comprometidos en 2016, durante la crisis de los refugiados. Entonces, Filardi habló sobre esta faceta de Canadá en A vivir que son dos días de la Cadena SER. CONTINUAR LEYENDO
Fuente: Verne. El País.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Sábado de Gloria. Un cuento de Mario Benedetti.

Desde antes de despertarme, oí caer la lluvia. Primero pensé que serían las seis y cuarto de la mañana y debía ir a la oficina pero había dejado en casa de mi madre los zapatos de goma y tendría que meter papel de diario en los otros zapatos, los comunes, porque me pone fuera de mí sentir cómo la humedad me va enfriando los pies y los tobillos. Después creí que era domingo y me podía quedar un rato bajo las frazadas. Eso –la certeza del feriado– me proporciona siempre un placer infantil. Saber que puedo disponer del tiempo como si fuera libre, como si no tuviera que correr dos cuadras, cuatro de cada seis mañanas, para ganarle al reloj en que debo registrar mi llegada. Saber que puedo ponerme grave y pensar en temas importantes como la vida, la muerte, el fútbol y la guerra.

Durante la semana no tengo tiempo. Cuando llego a la oficina me esperan cincuenta o sesenta asuntos a los que debo convertir en asientos contables, estamparles el sello de contabilizado en fecha y poner mis iniciales con tinta verde. A las doce tengo liquidados aproximadamente la mitad y corro cuatro cuadras para poder introducirme en la plataforma del ómnibus. Si no corro esas cuadras vengo colgado y me da náusea pasar tan cerca de los tranvías. En realidad no es náusea sino miedo, un miedo horroroso. CONTINUAR LEYENDO


martes, 5 de diciembre de 2017

Ética, Retórica y Polítca. Por Amelia Valcárcel.

La oratoria pasa por horas bajas. Ni siquiera se lleva hablar bien. De hecho, de entre las muchas cosas que a la gente se le enseñan, no se considera el caso de enseñarle a hablar. La retórica apesta. Hablar ahora se llama comunicar y se exige que se haga rápido: cuente lo que sea en cuarenta y cinco segundos o escriba lo que pueda en ciento cuarenta caracteres. Pronto, veloz, sintético: los que están repantingados en el sofá sin ningún plan alternativo no tienen tiempo que perder.

Perorar. He ahí una palabra notable. La aplicamos al caso de quien habla largamente sobre un asunto sin levantar la oreja de su auditorio. Somos una sociedad de muchas experiencias. Eso quiere decir que hemos visto perorar bastantes veces. Los profesores peroran en las clases, los jefes suelen perorar a la menor ocasión, los comentaristas peroran y los políticos peroran sobremanera. El deber de la rapidez no cumple en su caso.

Si hay una imagen que contradiga la esencia misma de la democracia, es la de alguien que ocupa la tribuna y perora ante un parlamento vacío. Y todos la conocemos porque en determinadas ocasiones las cámaras de televisión nos la sirven. El tribuno habla y habla mientras que quienes aburridamente escuchan no llegan a los dedos de una mano. Multitud de asientos vacíos tiñen la imagen de un rojo subido. Estas visiones encocoran a la ciudadanía. La oratoria pasa por horas bajas y los parlamentos también. Son escenificaciones de las que la utilidad no se percibe.

[...] La mayor parte de la política se hace en el envés del tapiz, no en su haz. Nuestros políticos hablan si no queda más remedio. Nuestros poderosos no lo hacen nunca. Aman el silencio y la discreción sobre cualquier otra cosa.

[...] La gente de la política lo sabe. Aquí, como en la esgrima, lo decisivo es no mostrar flancos. Así que el discurso debe ser igual, tieso, sin crestas y monótono. Si ello fuera posible, sería lo ideal ocupar el mayor tiempo disponible y no decir absolutamente nada.

Las políticas totalitarias no son separables de los nuevos medios de masas. Gustave Le Bon lo contaba con gracia: “El arte de hablar a las masas es de un orden inferior, pero exige aptitudes muy especiales”. Para moverlas hay que abusar de afirmaciones violentas. En sus palabras: “Exagerar, afirmar, repetir y no intentar jamás demostrar nada mediante razonamiento”. Claramente aquí concurren todos los tipos comunicativos que la ética mínima repugna y condena. Además tales procedimientos deben ser acompañados de exageraciones del temple moral, y sentimental. De cualidades y virtudes solo aparentes. El populismo, en sus inicios, necesita teatro. CONTINUAR LEYENDO  
Fuente: revistamercurio.es

domingo, 3 de diciembre de 2017

Los hombres huecos. Un poema de T. S. Elliot. Versión y nota de Jaime Augusto Shelley.

Los hombres huecos y el Canto Tercero 

Eliot publica Los hombres huecos en 1925, en la plenitud de su desdicha conyugal. El mundo se le ha venido encima, lo asfixia y no encuentra remedio a su desesperación. Ese es también, por contrapartida, el año en que su vida empezará a resolverse en lo material, con su ingreso a la Casa Faber. Por lo demás, la difusión de Waste Land/Tierra baldía (el poema de la generación Faulkner, Hemingway, Pound, et al.) le ha abierto las cajas de caudales de los mecenas de Nueva York y, asimismo, la consideración de ciertos círculos de influencia. Ello acarrea una nueva actitud de su familia (el padre, al morir, le deja una suma considerable, pero de la que no puede disponer —en castigo por su boda—, sino tan sólo de sus intereses. Su madre se apiadará de él y se fija una suma para cubrir los gastos médicos y de manutención de Vivienne). Todo esto irá sucediendo, sí, pero después de Los hombres huecos que es, como Waste Land, un gran canto autobiográfico donde revisa la situación que guarda su ser, su pobre alma convulsa, su relación con la eternidad. Es también un claro homenaje al Divino Dante; específicamente, al Canto Tercero de su Commedia, que no aspiró a tener nada de divina y sí todo de humana. Obra mixta, la llama Dante (que tal quería decir entonces Commedia; es decir, en prosa y verso), y en latín vulgar, además. Para que la leyeran todos, sin excepción, y vieran cómo un hombre se dirige a los dioses y no al revés. Lo que, combinado con muchas otras casualidades, hemos aprendido a llamar Renacimiento. Esos dolientes personajes anónimos que divagan sin consuelo; ni vivos ni muertos, apartados de la inteligencia de Dios, en el Canto Tercero; su ámbito, su circunstancia, son la base que configura el poema de Eliot.

Los hombres huecos
I
 Somos los hombres huecos
 los hombres rellenos de aserrín
que se apoyan unos contra otros
con cabezas embutidas de paja. ¡Sea!
Ásperas nuestras voces, cuando
susurramos juntos
quedas, sin sentido
como viento sobre hierba seca
o el trotar de ratas sobre vidrios rotos
en los sótanos secos

contornos sin forma, sombras sin color,
paralizada fuerza, ademán inmóvil;

Aquellos que han cruzado
con los ojos fijos, al otro
reino de la muerte n
os recuerdan —si acaso—
no como almas perdidas y violentas
sino, tan sólo, como hombres huecos,
hombres rellenos de aserrín.

sábado, 2 de diciembre de 2017

DEL CUENTO BREVE Y SUS ALREDEDORES (Último round, 1969). Julio Cortázar.

Alguna vez Horacio Quiroga intentó un “decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica.

Estoy hablando del cuento contemporáneo, digamos el que nace con Edgar Allan Poe, y que se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llaman nouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado: basta pensar en “The Cask of Amontillado” “Bliss”, “Las ruinas circulares” y “The Killers”. Esto no quiere decir que cuentos más extensos no puedan ser igualmente perfectos, pero me parece obvio que las narraciones arquetípicas de los últimos cien años han nacido de una despiadada eliminación de todos los elementos privativos de la nouvelle y de la novela, los exordios, circunloquios, desarrollos y demás recursos narrativos; si un cuento largo de Henry James o de D. H. Lawrence puede ser considerado tan genial como aquéllos, preciso será convenir en que estos autores trabajaron con una apertura temática y lingüística que de alguna manera facilitaba su labor, mientras que lo siempre asombroso de los cuentos contra el reloj está en que potencian vertiginosamente un mínimo de elementos, probando que ciertas situaciones o terrenos narrativos privilegiados pueden traducirse en un relato de proyecciones tan vastas como la más elaborada de las nouvelles. CONTINUAR LEYENDO

jueves, 30 de noviembre de 2017

Al joven que yo era. Un artículo de Antonio Orejudo publicado en El País.

Nunca se ha escrito y leído tanto como ahora, pero no son los textos que tú imaginas. Y ya nadie se considera un ignorante por no haber leído a Kafka.

Hola. Supongo que leerás esta carta en tu cuarto. Te imagino delante de la Olivetti con un papel de calco entre dos folios y fumando tu tabaco favorito. Aquí es impensable fumar en casa, salvo que vivas solo, y casi nadie utiliza ya máquinas de escribir. Aquí usamos ordenador. Ya sé que para ti un ordenador es un cacharro enorme y carísimo, que sólo tienen tus compañeros más ricos, pero los nuestros son mil veces más baratos, mil veces más potentes y mil veces más pequeños; se pueden llevar en el bolsillo y están interconectados, lo que nos permite leer en cualquier momento cualquier documento en cualquier lugar del mundo. La gente va en los transportes públicos, leyendo o escribiendo con los pulgares en un teclado minúsculo, mucho más pequeño que el de tu Olivetti. Nunca se ha escrito y se ha leído tanto como ahora. Claro que no son los textos que tú imaginas. Aquí no se lee a Borges, ni a Cortázar, que tanto te gusta, ni a García Márquez, el colombiano que acabas de descubrir. Aquí los chicos de tu edad ya no sienten curiosidad por las lecturas que a ti te interesan.

Tú, que idealizas a los autores, debes saber que aquí la autoría está de capa caída; los autores han perdido el peso y el prestigio social que todavía tienen allí. Tú piensas que publicar una novela es lo más grandioso que puede hacer un ser humano, pero aquí una ­novela la puede publicar cualquiera. En una editorial o por sus propios medios. Hay miles de novelas disponibles. Poca gente las lee, pero se publican, y es muy difícil saber cuál de ellas merece la pena porque ya nadie se fía del juicio de nadie, y nadie está dispuesto a reconocer magisterio alguno. Hay una quiebra del crédito y la confianza, una pérdida de inocencia, una rebelión contra las élites, sean estas políticas, económicas o culturales. Las librerías además están cerrando, como los cines; quedan algunas, las más grandes o las más especializadas, pero la mayoría se han marchitado.

Y no es que tú hayas leído mucho, pero lo sabes y te avergüenzan tus lagunas. Eso te honra. Alguien te preguntó un día si habías leído a Kafka, y tú bajaste la vista y acto seguido fuiste a la biblioteca y pediste sus obras completas. Aquí esa vergüenza, la vergüenza de la ignorancia, ha desaparecido. Bueno, no es que haya desaparecido; es que nadie se considera ignorante por no haber leído a Kafka, que es diferente.

¿Sigues queriendo venir? ¿Sigues queriendo ser escritor en un lugar y en un tiempo en el que la literatura se ha convertido en algo residual?

Una cosa sí es cierta: la revolución tecnológica que ha arrinconado los libros todavía no ha conseguido satisfacer el viejo anhelo de viajar en el tiempo. Eso por el momento sólo es posible con los libros: tu admirado Kafka aparece en tu cuarto cada vez que abres sus obras. Y esto que estoy haciendo yo —regresar a 1980 y escribirle una carta al joven que yo era entonces—, eso sólo puede hacerse con literatura, a través de un género tan antiguo y tan humilde como la carta.

En fin, tú decides, Toñín.

Un abrazo.

¿Como te sientes? Un álbum ilustrado/cuento de Anthony Browne.


martes, 28 de noviembre de 2017

El evangelio según Marcos. Un cuento de Jorge Luis Borges

El hecho sucedió en la estancia Los Álamos, en el partido de Junín, hacia el sur, en los últimos días del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porteños, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres años le faltaba rendir una materia para graduarse, la que más lo atraía. Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz. A lo largo de los años no había quebrado nunca esa promesa. No carecía de coraje; una mañana había cambiado, con más indiferencia que ira, dos o tres puñetazos con un grupo de compañeros que querían forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por espíritu de aquiescencia, en opiniones o hábitos discutibles: el país le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; tenía en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; creía que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en Los Álamos, dijo inmediatamente que sí, no porque le gustara el campo sino por natural complacencia y porque no buscó razones válidas para decir que no. 

El casco de la estancia era grande y un poco abandonado; las dependencias del capataz, que se llamaba Gutre, estaban muy cerca. Los Gutres eran tres: el padre, el hijo, que era singularmente tosco, y una muchacha de incierta paternidad. Eran altos, fuertes, huesudos, de pelo que tiraba a rojizo y de caras aindiadas. Casi no hablaban. La mujer del capataz había muerto hace años. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 27 de noviembre de 2017

Más sobre "El cazo de Lorenzo". n bonito cuento de Isabelle Carrier en diferentes versiones

El cazo de Lorenzo es un álbum ilustrado de Isabelle Carrier que de una forma metafórica nos hace reflexionar sobre las situaciones que caracterizan la vida de una persona discapacitada. Aquí debajo lo tenéis tal cual. Es así como lo utilizamos cuando lo leemos por primera vez. En la versión que le sigue, a cada ilustración se le ha añadido un comentario. Esta segunda versión la leemos después y así contrastamos nuestra reflexión con esta ya comentada. Finalmente, os dejamos un vídeo basado en este álbum con una explicación proveniente del campo de la psicología.




Un emotivo corto sobre los niños con habilidades diferentes

¿Qué nos enseña este cuento?

Alejandra Escura, psicóloga infantil colaboradora del Instituto de Asistencia Psicológica y Psiquiatrica Mensalus, rescata un corto de animación que relata la historia original de Isabelle Carrier con el fin de ofrecer algunas pautas prácticas para los padres.

¿Este tipo de cuentos se trabajan desde la consulta de Psicología?

Los cuentos que especialmente utilizan un lenguaje metafórico para transformar procesos aparentemente complicados (por la carga emocional que conllevan) en conceptos sencillos, son fantásticas herramientas psicoeducativas que resultan de gran ayuda en las terapias individuales y familiares.

Su poder reside en la capacidad de hablar claramente de aquello que tanto tememos y presentarlo como un proceso natural abordable desde una perspectiva constructiva. Con historias como la que hoy presentamos, entendemos que aceptar el conflicto, la situación, la dificultad, etc. siempre suma.

domingo, 26 de noviembre de 2017

La casa de la mosca fosca. Un cuento/álbum ilustrado de Eva Mejuto y Sergio Mora.


CONSTELACIONES LITERARIAS. "Sentirse raro. Miradas sobre la asolescencia". Guadalupe Jover (Coordinadora). LIBRO ABIERTO Bibliotecas Escolares de la Provincia de Málaga. Boletín de Información y Apoyo. Febrero, 2009. SEPARATA 35.



Hace ya tiempo que somos muchos quienes compartimos la convicción de quela educación literaria de los adolescentesreclama otros caminos que los habitualmente transitados, y que más allá de las iniciativas individuales andamos necesitados deconstruir, colectivamente, una alternativa ala tradición escolar consistente en la transmisión enciclopédica de la historia literaria
nacional.

Estas alternativas van cobrando forma gracias a cuantos, comprometidos con la dinamización de las bibliotecas escolares, exploran nuevas maneras de acercar los libros a los adolescentes. Sin embargo, bien sabemos que las iniciativas aisladas son a veces tan costosas como estériles, porque no siempre reciben el apoyo del resto de la comunidad educativa, no siempre aciertan a trabar un itinerario de aprendizaje paulatino y secuenciado y, sobre todo, a menudo quedan encerradas entre los muros del propio centro sin proyección o difusión exterior. Es hora, pues, de aunar esfuerzos para diseñar, entre todos, unas coordenadas comunes para la educación literaria del alumnado de secundaria y aprestarnos a elaborar unas propuestas didácticas que nos faciliten a unos y otros la tarea.

Los materiales que a continuación presentamos han sido elaborados por un grupo de profesores y profesoras de institutos de la Sierra de Guadarrama (Madrid). Están pensados para el trabajo con el alumnado del segundo ciclo de la ESO, en un afán de contribuir, sea desde la biblioteca, sea desde las clases de literatura, a su educación literaria. Nuestro afán ha sido, ante todo, ofrecer un ejemplo –nunca un modelo– de lo que podría ser, eso sí, un sustrato teórico común.

De ahí que hagamos explícita en primer lugar la fundamentación teórica en que se asienta nuestro trabajo, para detenernos más tarde en los contenidos específicos de esta secuencia. Ello permitirá al profesorado interesado introducir cuantas modificaciones estime oportuno sin traicionar el espíritu de la misma, y diseñar otros itinerarios posibles dentro del marco de esta propuesta de «constelaciones literarias». (Parte de la introducción escrita por Guadalupe Jover)