jueves, 14 de diciembre de 2017

En el fondo del caño hay un negrito. Un cuento de José Luis González (República Dominicana, 1926 - México, 1997). Un cuento referenciado por Sarah Hirschman en su libro, "Gente y cuentos. ¿A quién pertenece la literatura?

Sarah Hirschman en su libro "Gente y cuentos" cita varios cuentos que leyeron dialógicamente de forma comunitaria, es decir, compartida. Los pone como ejemplo de sesiones que llevaron a cabo y reflexiona sobre algunos comentarios que surgieron a raíz de su lectura. Éste, "En el fondo del caño hay un negrito", es uno de ellos. En próximas entradas iré poniendo otros. Son cuentos muy interesantes por sí mismos, pero si podéis leer el libro de Sarah, veréis que también os servirán para mejorar u organizar nuevos grupos de lectura, es decir, nuevas Tertulias Literarias o Clubes de Lectura.

En el fondo del caño hay un negrito
José Luis González

La primera vez que el negrito Melodía vio al otro negrito en el fondo del caño fue en la mañana del tercero o cuarto día después de la mudanza, cuando llegó gateando hasta la única puerta de la nueva vivienda y se asomó para mirar hacia la quieta superficie del agua allá abajo.
Entonces el padre, que acababa de despertar sobre el montón de sacos vacíos extendidos en el piso, junto a la mujer semidesnuda que aún dormía, le gritó:
—¡Mire... eche p'adentro! ¡Diantre'e muchacho desinquieto!
Y Melodía, que no había aprendido a entender las palabras pero sí a obedecer los gritos, gateó otra vez hacia adentro y se quedó silencioso en un rincón, chupándose un dedito porque tenía hambre.
El hombre se incorporó sobre los codos. Miró a la mujer que dormía a su lado y la sacudió flojamente por un brazo. La mujer despertó sobresaltada, mirando al hombre con ojos de susto. El hombre rió. Todas las mañanas era igual: la mujer salía del sueño con aquella expresión de susto que a él le provocaba un regocijo sin maldad. La primera vez que vio aquella expresión en el rostro de su mujer no fue en ocasión de un despertar, sino la noche que se acostaron juntos por primera vez. Quizá por eso a él le hacía gracia verla despabilarse así todas las mañanas.
El hombre se sentó sobre los sacos vacíos.
—Bueno—se dirigió entonces a la mujer—. Cuela el café.
Ella tardó un poco en contestar:
—Ya no queda.
—¿Ah?
—No queda. Se acabó ayer.
Él empezó a decir: “¿Y por qué no compraste más?”, pero se interrumpió cuando vio que en el rostro de su mujer comenzaba a dibujarse aquella otra expresión, aquella mueca que a él no le causaba regocijo y que ella sólo hacía cuando él le dirigía preguntas como la que acaba de truncar ahora. La primera vez que vio aquella expresión en el rostro de su mujer fue la noche que regresó a casa borracho y deseoso de ella pero la borrachera no lo dejó hacer nada. Tal vez por eso al hombre no le hacía gracia aquella mueca. CONTINUAR LEYENDO


martes, 12 de diciembre de 2017

"Gente y cuentos. A quien pertenece la literatura?". Un libro de Sarah Hirschman, iniciadora de las Tertulias Literarias Dialogicas en 1972

Es un libro que me recomendó no hace mucho Juan Mata en un curso que impartió en Logroño sobre "Lectura en voz alta". Y para mí ha sido todo un descubrimiento. Cuando leí cómo nació este movimiento, esta forma de compartir la lectura, me di cuenta de que había descubierto a la persona que inició en 1972 las Tertulias Literarias Dialógicas. Y otra cosa que me impresionó, es que todo el trabajo lo hacen con cuentos, con cuentos literarios o de autor o autora. Algo que yo vengo haciendo desde hace algunos años, compaginándolo con libros, y por lo que he sido cruelmente -sin argumentos- criticado, vilipendiado y calumniado por las personas que pretenden adueñarse de las Tertulias Literarias. Veamos aquello que ya en el prólogo, me sorprendió agradablemente.

"En 1969, Hirschman asistió en Harvard a un seminario de Paulo Freire, filósofo y educador brasileño, quien desarrolló programas de alfabetización con el fin de fortalecer la toma de conciencia. Está concientización, escribe Hirschman, se da “en la medida en que la gente profundiza en la comprensión de su condición e intenta mejorar su control sobre esta”. Esta forma de aprendizaje sustituye “lo que Freire rechaza desdeñosamente como educación “bancaria”, en la que los maestros depositan información nueva que consideran importante en las mentes de estudiantes condescendientes y pasivos”. [...] Hirschman se preguntó si “las múltiples, ricas y complejas obras literarias”, y en particular los cuentos, podían tener el mismo efecto de liberación y empoderamiento; si una educación basada en discusiones alrededor de relatos literarios podría mejorar visiblemente las condiciones de vida de los menos privilegiados.

Hirschman inició el programa Gente y cuentos en 1972, en un conjunto habitacional para gente de bajos ingresos en Cambridge, Massachusetts, cuando invitó a participara de manera informal a un grupo de jóvenes madres latinas que, sentadas en los escalones de la entrada, cuidaban de sus hijos. Desde entonces hasta ahora,Hirschman ha trabajado sin descanso en el mejoramiento y la institucionalización de su programa. Las sesiones en inglés se agregaron en 1986, y desde entonces People and Stories/Gente y cuentos, como se llama ahora, se ha convertido en una organización formal sin fines de lucro, con programas en más de 14 estados en Estados Unidos, América Latina y Francia."

Aquí os dejo un enlace en el que aparecen los que en mi opinión son los trozos más significativos del libro. Aunque mi recomendación es que lo leáis, porque aclara muchas cosas acerca de la Lectura Compartida. También puede ser interesante ver estos vídeos.



lunes, 11 de diciembre de 2017

Los cuentacuentos de la pobre y violenta barriada de Guadalajara (México).

Los asistentes al cuentacuentos en Santa Cecilia, Guadalajara
A pocos kilómetros de la famosa Feria del Libro de Guadalajara (México), un grupo 
de personas sin estudios, incluso ex guerrilleros, "escriben" los relatos de sus propias vidas.

"Digo mi pasado, ¿pero me pertenece si ya no está? Digo mi futuro, ¿pero hasta dónde es mío si no llega? Digo mi presente, y en cuanto callo deja de serlo", ha escrito y declama Berta Gutiérrez, una poetisa y ex "guerrillera" que pasó cinco años en prisión por estar relacionada con un grupo llamado Los Vikingos en los años 70. Hoy es maestra y frecuenta el taller literario y de expresión oral El Barrio toma la palabra, del Centro Cultural Santa Cecilia, una colonia pobre y muy conflictiva de la ciudad de Guadalajara. Su verso es casi tan profesional como su vida son casi llagas.

A pocos kilómetros de esta colonia periférica e históricamente violenta, en el centro de la ciudad, se desarrolla desde el 25 de noviembre la Feria del Libro de Guadalajara, la más importante del mundo en español y por donde han pasado las mejores plumas del planeta. Santa Cecilia es ejemplo de las historias que narran esos famosos escritores. A su drama le ha ocurrido siempre que ha sido narrado por los otros y, ahora, sus habitantes han decidido contar ellos sus propias vidas. "Cuando empezamos lo primero que nos dijeron es que no tenían nada que contar. ¿Qué podemos decir si no sabemos leer?", explican Armando Trejo y Martha Ibarra, los dos monitores del taller, que les dijeron los alumnos al comenzar.

"La vida de cada persona es una novela", mantiene sin embargo hoy una de las participantes mientras otra mujer mayor, con su pelo recogido y su gesto dulce, incide en que "cada historia, cada persona, es un cuento que tenemos dentro". CONTINUAR LEYENDO

domingo, 10 de diciembre de 2017

Cuando los tontos mandan. Por Javier Marías.

El problema no es que haya idiotas desaforados exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles.

Lo comentaba hace unas semanas Jorge Marirrodriga en este diario: el sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres “ha exigido que desaparezcan del programa filósofos como Platón, Descartes y Kant, por racistas, colonialistas y blancos”. Supongo que también se habrá exigido (hoy todo el mundo exige, aunque no esté en condiciones de hacerlo) la supresión de Heráclito, Aristóteles, Hegel, Schopenhauer y Nietzsche. La noticia habla por sí sola, y lo único que cabe concluir es que ese sindicato está formado por tontos de remate. Pero claro, no se trata de un caso aislado y pintoresco. Hace meses leímos –en realidad por enésima vez– que en algunas escuelas estadounidenses se pide la prohibición de clásicos como Matar a un ruiseñor y Huckleberry Finn, porque en ellos aparecen “afrentas raciales”. Dado que son dos clásicos precisamente antirracistas, es de temer que lo inadmisible es que algunos personajes sean lo contrario y utilicen la palabra “nigger”, tan impronunciable hoy que se la llama “la palabra con N”.

El problema no es que haya idiotas gritones y desaforados en todas partes, exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles. Un comité debía deliberar acerca de esos dos libros (luego aún no estaban desterrados), pero esa deliberación ya es bastante sintomática y grave. También se analizan quejas contra el Diario de Ana Frank, Romeo y Julieta (será porque los protagonistas son menores) y hasta la Biblia, a la que se objeta “su punto de vista religioso”. Siendo el libro religioso por antonomasia, no sé qué pretenden los quejicas. ¿Que no lo tenga? CONTINUAR LEYENDO
Fuente: elpaissemanal.elpais.com

viernes, 8 de diciembre de 2017

'Hola, putero', el vídeo de YouTube que lucha "sin eufemismos ni tabúes" contra la prostitución.

200 países, 200 libros: un viaje por la literatura de todo el mundo El escritor Ernesto Filardi se ha propuesto leer un libro de cada país.

Ernesto Filardi ha leído muchos libros. "Muchísimos", corrige a Verne por teléfono. ¿De dónde son la mayor parte? Pues lo habitual: de España, de otros países europeos, de Latinoamérica, de Estados Unidos... A finales de octubre empezó un proyecto que explora más allá: la web 200 países, 200 libros. "Voy a leer un libro de cada país del mundo e iré publicando las reseñas", cuenta el dramaturgo, novelista y poeta, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá y residente en Toronto (Canadá) desde 2013.

La primera parada en su viaje por el mundo ha sido Mauricio, una isla del Índico en la que viven poco más de un millón de personas. Se trata de El último hermano, de la autora mauriciana Nathacha Appanah. "Es un libro muy cortito que habla sobre la multiculturalidad de la isla. Es apasionante", dice Filardi. Publicó la reseña el 29 de octubre, la primera de las casi 200 que difundirá en su web. La ONU cuenta con 193 países miembros y otros dos miembros observadores, "pero quedaba mejor un número redondo".

Filardi, hijo de españoles, nació en Toronto, pasó la mayor parte de su vida en Alcalá de Henares (Madrid) y volvió a Canadá en busca de empleo. "Aquí estoy conociendo una sociedad muy multicultural. Te encuentras a personas de muchos países", dice el escritor, que trabaja en la red de escuelas públicas de la ciudad. Canadá es un país con fama de acogedor para los inmigrantes. Fue uno de los más comprometidos en 2016, durante la crisis de los refugiados. Entonces, Filardi habló sobre esta faceta de Canadá en A vivir que son dos días de la Cadena SER. CONTINUAR LEYENDO
Fuente: Verne. El País.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Sábado de Gloria. Un cuento de Mario Benedetti.

Desde antes de despertarme, oí caer la lluvia. Primero pensé que serían las seis y cuarto de la mañana y debía ir a la oficina pero había dejado en casa de mi madre los zapatos de goma y tendría que meter papel de diario en los otros zapatos, los comunes, porque me pone fuera de mí sentir cómo la humedad me va enfriando los pies y los tobillos. Después creí que era domingo y me podía quedar un rato bajo las frazadas. Eso –la certeza del feriado– me proporciona siempre un placer infantil. Saber que puedo disponer del tiempo como si fuera libre, como si no tuviera que correr dos cuadras, cuatro de cada seis mañanas, para ganarle al reloj en que debo registrar mi llegada. Saber que puedo ponerme grave y pensar en temas importantes como la vida, la muerte, el fútbol y la guerra.

Durante la semana no tengo tiempo. Cuando llego a la oficina me esperan cincuenta o sesenta asuntos a los que debo convertir en asientos contables, estamparles el sello de contabilizado en fecha y poner mis iniciales con tinta verde. A las doce tengo liquidados aproximadamente la mitad y corro cuatro cuadras para poder introducirme en la plataforma del ómnibus. Si no corro esas cuadras vengo colgado y me da náusea pasar tan cerca de los tranvías. En realidad no es náusea sino miedo, un miedo horroroso. CONTINUAR LEYENDO