jueves, 25 de mayo de 2017

Tertulias Literarias Dialógicas en el CEIP Santa Teresa Doctora de Linares (Jaén).

En la Comunicad de Aprendizaje del CEIP Santa Teresa Doctora se han celebrado en los últimos días dos tertulias que, por sus características, merecen ser resaltadas. Una es la que hicieron con familias en 3º de Primaria y la otra, una intergeneracional con personas mayores, alumnado de 3º de la ESO del Instituto de Vilches y el de 3º de Primaria del centro. Para esta tertulia utilizaron un clásico de César Vallejo, Paco yunque.

Este es un centro al que le tengo especial cariño y al que me une una gran amistad con su equipo directivo y profesorado. Realmente han hecho una labor de transformación digna de resaltar. No hace mucho volví a estar trabajando con ellos y quedé nuevamente impresionado. Los Proyectos son importantes, pero las personas que los humanizan y los llevan adelante lo son más. Es más, sin ellas no existiría ningún proyecto.

Aquí os dejo los enlaces para que podáis acceder a estas actividades a través del blog del centro.




miércoles, 24 de mayo de 2017

"Leer sin libros". Un artículo de Roger Chartier publicado en la revista Álabe nº 15.

Lector de Pierre Bourdieu sé bien las seducciones y trampas de la ilusión biográfica. Escribir recuerdos personales es siempre (conscientemente o no) plasmar una representación de sí mismo que construye un pasado deseado, imaginado, que no corresponde necesariamente a lo que fue realmente. Semejante ilusión se encuentra aún más fuerte cuando se trata de los libros y las lecturas. Escribir sobre sus lecturas es un género bien establecido que aprovecha formulas narrativas en las cuales los imprecisos recuerdos imprecisos de la experiencia personal pueden estar situados en la imagen que cada uno tiene o quiere de si mimo. Me parece que existen dos formas dominantes de semejante narrativa. La primera supone que los libros fueron siempre presentes. La historia del lector en un mundo saturado por los libros es como un viaje entre títulos, autores, géneros. Las elecciones de la memoria o de la manera de presentarse hacen hincapié en la precocidad del leer, los descubrimientos furtivos, las lecturas transgresivas opuestas a las lecturas impuestas por la escuela. Como si hubiese nacido en una biblioteca, el lector heredero construye los corpus de las lecturas de su juventud a distancia del modelo y del repertorio de la escuela.

El lector que nació en un mundo sin libros, o casi, elige otra narración en la cual el leer es una conquista, no una herencia. En su narración la escuela desempeña un papel fundamental. Sus lecturas más personales son, de hecho, las que requería la escuela. Hace de la conformidad con los repertorios más canónicos lo propio de una trayectoria descrita como singular. Entre estos dos discursos existen, por supuesto, otras modalidades de la memoria de las lecturas, más complejas o hibridas, pero son estos dos modelos dominantes los que definen la polarización, socialmente arraigada, entre dos maneras de contar su vida y dos relaciones de la memoria con los libros. Nunca debe olvidarse que las fórmulas disponibles para construir un discurso autobiográfico plasman los relatos de las experiencias personales. La ilusión autobiográfica hace que el individuo se piensa como irreductiblemente único cuando, sin saberlo, su discurso o su memoria retoma modelos retóricos o narrativos ampliamente compartidos. CONTINUAR LEYENDO

La olvidada. Un cuento de Juan José Saer.

No se asusten: esta vez la historia termina bien. En lo que a mí respecta, fui testigo ocular únicamente a partir del clímax. Por una de esas casualidades unas horas más tarde también presencié, en un bar a orillas del mar, dichoso, el desenlace. 

Yo había bajado del Talgo Montpellier-Valencia, a eso de las seis de una tarde caliente de verano, y estaba esperando en la vereda de la estación a unos amigos que tenían que pasarme a buscar en auto para ir a un pueblito de la Costa Brava, cuando unas voces rugosas de catalanes que discutían en español me hizo volver la cabeza. La violencia desesperada del tono me turbó, y la agitación del grupo que discutía, más parecida al pánico que a la amenaza, me indujo a acercarme con discreción para tratar de entender lo que pasaba. Tan concentrados estaban en el debate, que ni siquiera se enteraron de mi presencia. (Mi objetivo en la vida es pasar desapercibido en tanto que individuo, puesto que soy editor de obras clásicas de filosofía, que otros han escrito, o traducido, o anotado, y que yo me limito, en el más riguroso anonimato, a sacar a luz en la ciudad de Lausana.) 

Eran cuatro personas: un adolescente, una pareja de ancianos, y un señor de edad indefinida que parecía estar tratando de calmar los ánimos, y que debía ser sin duda un empleado de la estación. La mujer se limitaba a lloriquear y a retorcer entre sus dedos atormentados por la artrosis un pañuelito blanco con el que de tanto en tanto se secaba las lágrimas. Enseguida comprendí que los viejos eran los abuelos del adolescente. 

Es imposible imaginar un contraste mayor en el aspecto del abuelo y del nieto, que eran los que discutían con aspereza. El viejo limpio, calvo y bronceado, llevaba una camisa impecable, gris perla y de mangas cortas y unos pantalones de verano recién planchados, mostrando una vez más esa sencillez en el vestir tan agradable que suelen practicar los españoles. El adolescente, en cambio, tenía puesto encima o arrastraba consigo todo lo que la moda mundial destinada a estimular el consumo en esa etapa de su vida lo inducía a comprar, a causa de uno de esos imperativos universales que no se sabe bien quién los dicta, y que reducen a los miembros de la especie humana al papel de meros compradores ya desde cuando están en el vientre de sus madres: no bien se han instalado en el óvulo que ya hay alguien que, descubriéndoles una supuesta necesidad, tiene algo para venderles. A pesar del despojamiento del anciano y de la abundancia barroca de su nieto (gorra americana con la visera al revés, en plano inclinado sobre la nuca, remera blanca con leyendas en inglés bajo una camisa abierta y demasiado amplia, color kaki, pantalones que caían en acordeón sobre unas espesas zapatillas deportivas de suela de goma, su walk-man cuyo casco pendía alrededor del cuello, sus numerosas pulseras y collares y su cinturón ancho con compartimentos diferentes para guardar dinero, llaves, documentos, pasajes, cigarrillos, etcétera) y a pesar también del antagonismo obstinado que los oponía en la discusión que iba haciéndose cada vez más exaltada y violenta, un innegable parecido físico, no exento de comicidad, con las variantes propias de la edad de cada uno, delataba su parentesco. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 19 de mayo de 2017

Compartir lecturas, conjugar culturas... Una conferencia de Michèle Petit.

Hoy quiero mencionar tres elementos que considero esenciales en la historia de jóvenes que han podido resistir mejor a los procesos de exclusión gracias a la lectura. Tres elementos que en la realidad están entrelazados y que forman una sola y única experiencia. El primer elemento consiste en partir de situaciones de intersubjetividad gratificante, que la escuela, la biblioteca u otro espacio, un centro cultural, una asociación, etcétera, hacen posible. Todo parte de encuentros personalizados, de una acogida cálida, de una hospitalidad.

A partir de ahí, el segundo aspecto tiene que ver con que la lectura abre paso a lugares y tiempos que permiten construir un país interior, un espacio psíquico donde la conjunción, el compartir universos culturales, podrán realizarse. La lectura hace posible la narración interior. Y ése es el tercer elemento. Leer permite desencadenar una actividad narrativa y construir puentes entre los eslabones de una historia y entre universos culturales diferentes.

Para los niños cuyos padres han sido estigmatizados, cobra suma importancia la hospitalidad, el ser reconocido en su singularidad, el ser llamado por su nombre, escuchado.Y además, que lo haga alguien que no es de la familia, que es de "otro mundo", y que considera al niño con otra mirada. Alguien que parece disponer de un conocimiento sobre el niño, que él mismo aún no posee.

Necesitamos al otro para revelar nuestra propia fotografía. Las primeras devoluciones que el niño tiene son fundamentales, pues de ellas dependerá, en gran medida, su desarrollo. Todos los especialistas reconocen el papel determinante del intercambio precoz de la madre, o de la persona que la sustituya, con su bebé, al regular la actividad psíquica del niño. De manera similar, los libros anticipan, devuelven un eco en forma articulada y estética de lo aún inefable. Sin el otro, no hay sujeto. Dicho de otro modo, la relación, el gesto de compartir, el intercambio, son la base misma de la cultura, constituyen el inicio mismo de la interioridad, que no es un pozo donde buceamos sino algo que se construye entre dos, a partir de un movimiento hacia el Otro. Constituyen el principio mismo de la identidad, que se crea en un movimiento hacia el Otro, en un salir de sí, una curiosidad. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 17 de mayo de 2017

Allende. Un poema de Mario Benedetti. El poeta que se fue un día como hoy de hace ocho años, siempre en nuestra memoria.


ALLENDE

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato

y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo

Mario Benedetti

"Los días perdidos". En cuento de Dino Buzzati (Beluno, Italia, 1906–1973)

Pocos días después de haber adquirido una lujosa finca y cuando volvía a casa, Ernst Kazirra avistó a lo lejos a un hombre que, con una caja sobre los hombros, salía por una pequeña puerta de la cerca, y la cargaba en un camión. No le dio tiempo a alcanzarlo antes de que se marchara. Decidió seguirlo con el coche. El camión hizo un largo trayecto hasta lo más lejano de la periferia de la ciudad, deteniéndose al borde de un barranco. Kazirra salió del coche y se acercó a mirar. El desconocido descargó la caja del camión y, dando unos pocos pasos, la arrojó al barranco, que estaba lleno de miles y miles de otras cajas iguales. Se acercó al hombre y le preguntó:

–Te he visto sacar esa caja de mi finca. ¿Qué había dentro? ¿Y qué son todas esas otras cajas?
El hombre lo miró y sonrió:
–Todavía hay más en el camión, para tirar. ¿No lo sabes? Son los días.
–¿Qué días?
–Tus días.
–¿Mis días?
–Tus días perdidos. Los días que has perdido. Los esperabas, ¿verdad? Han venido. ¿Qué has hecho? Míralos, intactos, todavía enteros. ¿Y ahora…?
Kazirra miró. Formaban una pila inmensa. Bajó por la pendiente escarpada y abrió uno. Dentro había un paseo de otoño, y al fondo Graziella, su novia, que se alejaba de él para siempre. Y él ni siquiera la llamó.
Abrió un segundo. Había una habitación de hospital, y en la cama su hermano Giosuè, que estaba enfermo y le esperaba. Pero él estaba en viaje de negocios.
Abrió un tercero. En la verja de la antigua y mísera casa estaba Duk, el fiel mastín, que le esperó durante dos años, hasta quedar reducido a piel y huesos. Y él ni pensó en volver.
Sintió como si algo le oprimiera en la boca del estómago. El transportista se mantuvo erguido al borde del barranco, impasible, como un verdugo.
–¡Señor! –gritó Kazirra–. Escúcheme. Deje que me lleve al menos estos tres días. Se lo ruego. Al menos estos tres. Soy rico. Le daré todo lo que quiera.
El transportista hizo un gesto con la mano derecha, como señalando un punto inalcanzable, como diciendo que era demasiado tarde y que ya no había ningún remedio posible. Entonces se desvaneció en el aire y al instante también desapareció el gigantesco cúmulo de cajas misteriosas. Y la sombra de la noche descendía.

FIN

Sobre árboles sin jirafas y máquinas de baño. Cuestiones sobre la crítica en el sistema de libros para niños. Ponencia de Marcela Carranza.

¿Puede la crítica cumplir algún papel dentro del sistema de los libros para niños? Quizá sí, quizá no. Muchos argumentos pueden llevarnos a pensar que no. Uno de ellos de orden pragmático consiste en hacernos esta simple pregunta: ¿cuántas personas leen crítica de libros para niños? Y de los que la leen, ¿cuántos se ven afectados en sus decisiones como productores o lectores/mediadores de libros infantiles?

[...] Pero en literatura infantil esto se complica todavía más porque el crítico no suele dirigirse directamente a los niños lectores, sino a los adultos lectores que median entre los libros y los niños. Por lo tanto, tenemos al autor, a la obra y al lector infantil. Pero en medio de estos a los adultos que entre otras acciones suelen tener a cargo la selección de los textos. Y entre el autor, la obra y los mediadores tenemos al crítico. De esta compleja relación se puede desprender una de las preguntas que los especialistas en literatura infantil se han hecho a menudo: ¿Hasta dónde el enunciado crítico debe considerar o no al niño lector? Sin tiempo para responder a esta pregunta, podemos aprovechar la oportunidad para poner de relieve la trascendencia que tiene una determinada representación del lector niño en la lectura crítica de un libro infantil. La idea subyacente de “lector niño” es el punto de partida en la mirada del crítico y forma parte del horizonte de representaciones y valores con el que encara su tarea; tema del que hablaremos más adelante.

[...] Esto me parece particularmente importante en el mundo de los libros infantiles porque el mensaje crítico quizá cumple su papel en el campo de la literatura infantil, en la medida en que puede proponer a los lectores adultos que median entre los libros y los niños miradas, lecturas diferentes a las establecidas, recorridos imprevistos a través de una obra. Problematizar lo naturalizado en el mundo de los libros para niños no es poca cosa. Reducir el ruido que interfiere en la lectura adulta de libros para niños dado por una serie de normas, convenciones y supuestos acerca de cómo debe ser un libro infantil, para así invitar a acercarse a la obra con menos certezas y más interrogantes.