lunes, 23 de abril de 2018

El cambiazo. Un cuento de Mario Benedetti.

Mierda con ellos. Me las van a pagar todas juntas. No importa que, justo ahora, cuando voy a firmar la decimoctava orden de arresto, se me rompa el bolígrafo. Me cago en la putísima. Y el imbécil que pregunta: «¿Le consigo otro, mi coronel?». Por hoy alcanza con diecisiete. Ayer Vélez recobró la libertad convertido en un glorioso guiñapo: los riñones hechos una porquería, un brazo roto, el ojo tumefacto, la espalda en llaga. Ya designé, por supuesto, la correspondiente investigadora para que informe sobre las irregularidades denunciadas por ciertos órganos de la prensa nacional. Algún día tendrán que aprender que el coronel Corrales no es un maricón como sus predecesores sino un jefe de policía con todo lo que hace falta

hipnotizada frente al televisor, Julita no se atreve ni a parpadear. No es para menos. Lito Suárez, con su rostro angelical y sus puñitos cerrados, ha cantado «Siembra de luz» y enseguida «Mi corazón tiene un remiendo». Grititos semejantes a los de la juvenil teleaudiencia salen también de la boca de Julita, quien para una mejor vocalización acomoda el bombón de menta al costado de la muela. Pero ahora Lito se pone solemne: «Hoy tengo una novedad y se llama «El cambiazo». Es una canción y también es un juego. Un juego que jugaremos al nivel de masas, al nivel de pueblo, al nivel de juventud. ¿Qué les parece? Voy a cantarles «El cambiazo». Son sólo cuatro versos. Durante la semana que empezará mañana, lo cantaremos en todas partes: en las aulas, en la calle, en la cama, en el ómnibus, en la playa, en el café. ¿De acuerdo? Luego, el domingo próximo, a esa misma hora, cambiaremos el primero de los cuatro versos. De las propuestas por escrito que ustedes me hagan llegar, yo elegiré una. ¿Les parece bien?». Síííííííí, chilla la adicta, fanática, coherente adolescencia. «Y así seguiremos todas las semanas hasta transformar completamente la cuarteta. Pero tengan en cuenta que en cada etapa de su transformación, la estrofa tendrá que cumplir una doble condición: variar uno de sus versos, pero mantener un sentido total. Es claro que la cuarteta que finalmente resulte, quizá no tenga el mismo significado que la inicial; pero ahí es justamente donde reside el sabor del juego. ¿Estamos?» Sííííííí. «Y ahora les voy a cantar el texto inicial.» Julita Corrales traga por fin el bombón para no distraerse y además para concentrase en la memorización del Evangelio según San Lito. «Paraquená dieeee loimpida, paraquetuá mooooooor despierte, paravosmí voooooooz rendida, paramisó loooooo quererte.» Julita se arrastra hasta la silla donde ha dejado el draipén y el block, anota nerviosamente la primera variante que se le ocurre, y antes de que el seráfico rostro del cantante desaparezca entre los títulos y los créditos finales del programa «Lito con sus muchachos», ya está en condiciones de murmurar para sí misma. «Paraquevén gaaaaaaaaaaas querida, paraquetuá mooooooor despierte, paravosmí vooooooooooz rendida, paramisó loooooooooo quererte CONTINUAR LEYENDO

Lo fatal. Un poema de Rubén Daría en "Cantos de vida y esperanza).

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!

domingo, 22 de abril de 2018

Leer cuentos a tu bebé hará que sea más listo en el cole. Por Carolina García (El País).

La lectura tiene muchos beneficios, como son, entre otros, despertar la imaginación de pequeños y adultos o favorecer las conexiones neuronales del cerebro de nuestros pequeños. Un último estudio asegura que, además, leer en voz alta a nuestros hijos desde que son bebés les podría ayudar a enfrentar mejor su vida escolar futura. En concreto, para los autores del estudio, “leer en voz alta podría prevenir conductas negativas como la hiperactividad y fomentar las positivas, como la concentración o la atención”, según se desprende de un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Nueva York.

El momento de lectura suele ser por la noche o por la tarde. Cuando tanto padres como hijos ya han terminado con sus tareas cotidianas, “por lo que se suele dar en un entorno acogedor y cálido”, inciden. El estudio, publicado en Pediatrics, evaluó a 675 familias. El análisis consistió en grabaciones de vídeo en las que los padres estaban leyendo en voz alta o jugando con sus hijos desde los cero hasta los tres años. Las conclusiones mostraron que “los niños que participaron en el programa tuvieron menos problemas de atención y conductas disruptivas cuando empezaban su vida escolar que aquellos que no lo hicieron”. Además, esto mejora si los progenitores continuaban con esta rutina pasados los tres años.

“Cuando una padre lee un cuento a un niño o juega con él, el pequeño tiene que prestar atención tanto a su progenitor como a la actividad. Además, es una oportunidad para que se conviertan en adultos con un buen modelo de conducta”, añaden. Los autores también inciden en que en la actualidad los progenitores pasan menos tiempo con sus hijos, “relegando esta tarea a los dispositivos digitales”. Una pena, ya que fomentar esta lectura es muy positivo.

En este estudio, "queremos enfatizar nuestro apoyo para que desde la atención primaria pediátrica se promuevan actividades positivas para los padres e hijos, como lectura de cuentos en voz alta y el juego, ya que mejoran el desarrollo social y emocional de los pequeños, como se refleja a través de la reducción de conductas disruptivas –ansiedad o hiperactividad–. Nuestra investigación también sugiere que estos programas pueden dar lugar a diferencias clínicamente importantes en los resultados educativos a largo plazo de los niños, dado el papel fundamental de estas tareas para el aprendizaje infantil", concluyen los autores. CONTINUAR LEYENDO

Más información:

Los beneficios de leer en voz alta a los niños

Voluntarios de la asociación Entrelibros utilizan esta técnica en el Hospital Materno Infantil de Granada.

El contacto temprano de los niños con los libros puede hacerse de muchas maneras. La asociación Entrelibros ha apostado por la técnica de la lectura en voz alta, cuyos voluntarios aplican cada martes con los pequeños del Hospital Materno Infantil de Granada. La asociación es promotora y partícipe del manifiesto De la voz a las letras, una declaración a favor de este tipo de lectura consensuada y modificada por diversas instituciones, como por ejemplo la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) o la Asociación Española de Lectura y Escritura entre otras.

Juan Mata, presidente de Entrelibros, opina que leer a los niños en voz alta es una buena oportunidad para hablar con ellos de cosas importantes, al mismo tiempo que se establece una relación emocional intensa. "Con esta técnica conseguimos que los niños imaginen las historias y también que puedan verbalizar sentimientos y miedos durante la lectura", explica por teléfono. A su vez, Mata defiende que en la asociación que preside se utiliza la lectura en voz alta como un modo de intervención social -trabajan también con mujeres maltratadas, presos o alumnos en riesgo de exclusión-, técnica que también recomienda la Academia Americana de Pediatría a partir de las observaciones realizadas de padres con hijos frente a un libro. CONTINUAR LEYENDO

Tío elefante (Uncle Elephant). Un cuento/álbum ilustrado de Arnold Lobel (en inglés)

sábado, 21 de abril de 2018

Leamos de la mano de papá y mamá. Programa de animación a la lectura en América Latina.

Ternura. Columna de Juan José Millás en el País (20 ABR 2018).

Sé de gente que mataría por llevar razón. Hay otros rasgos de carácter que se pueden corregir a lo largo de la vida, pero quitarse de llevar razón es como quitarse de la heroína: se puede, aunque con mucho sacrificio. Si vienes al mundo con ese declive, mueres con él. Te mueres llevando la razón, te incineran llevando la razón, llegas al infierno llevando la razón. Jamás discutas con personas necesitadas de llevar la razón. No conduce a nada, solo a la infelicidad. En las discusiones políticas es donde mejor se las distingue. Llevar razón constituye un modo de tapar heridas ancestrales, abandonos remotos. Llevar razón es una forma de vengarse. Si llevas razón, tu nacimiento no fue un error, tus padres te quisieron, la infancia triste y la perra juventud valieron la pena. El mundo ya no te debe nada, en fin. Si llevas razón, no necesitas ser sutil ni inteligente ni educado. Llevar razón te coloca por encima del bien y del mal. La frase “hablar cargado de razón”, pese a su naturaleza de lugar común, describe perfectamente esta patología. Para intentar convencerte de sus argumentos, los llevadores de razón subrayan sus discursos con gestos en los que expresan lo absurdo que sería pensar de otro modo. Conozco personas a las que quiero y admiro cuyo único objetivo en la vida es llevar la razón. Siento una terrible ternura por ellas porque me recuerdan épocas de mi vida en las que yo mismo necesitaba llevar razón a toda costa. Me quité de llevar razón porque me hacía daño a la salud, como el tabaco, aunque a veces recaigo y fumo un camelclandestino. Desde entonces, siempre que descubro a alguien llevando la razón me dan ganas de abrazarlo y de hacerle unas caricias al tiempo de decirle que no pasa nada por no llevarla.

viernes, 20 de abril de 2018

El hombrecito vestido de gris. Un cuento de Fernando Alonso

Antes, o después de leer el cuento, es recomendable leer el artículo de Juan Cervera Borrás: La literatura infantil en la construcción de la conciencia del niño. Un  texto muy interesante y en el que hace referencia al cuento citado: 

En realidad se trata de una literatura más desmitificadora que concienciadora, aunque, a veces, sea ésta su intención manifiesta. Se destruye lo que se considera mito e instrumento de alienación, pero en su lugar no se coloca nada, sobre todo cuando se trata de literatura infantil. Así sucede, por ejemplo, en El hombrecito vestido de gris, de Fernando Alonso, duro alegato contra el final feliz”.

EL HOMBRECITO VESTIDO DE GRIS

Había una vez un hombre que siempre iba vestido de gris. 
Tenía un traje gris, tenía un sombrero gris, tenía una corbata gris y un bigotito gris. 
El hombrecito vestido de gris hacía cada día las mismas cosas. 
Se levantaba al son del despertador. 
Al son de la radio, hacía un poco de gimnasia. 
Tomaba una ducha, que siempre estaba bastante fría; tomaba el desayuno, que siempre estaba bastante caliente; tomaba el autobús, que siempre estaba bastante lleno; y leía el periódico, que siempre decía las mismas cosas. 
Y, todos los días, a la misma hora, se sentaba en su mesa de la oficina. 
A la misma hora. 
Ni un minuto más, ni un minuto menos. 
Todos los días, igual. 
El despertador tenía cada mañana el mismo zumbido. 
Y esto le anunciaba que el día que amanecía era exactamente igual que el anterior. 
Por eso, nuestro hombrecito del traje gris, tenía también la mirada de color gris. 
Pero nuestro hombre era gris sólo por fuera. 
Hacia adentro... ¡un verdadero arco iris! 
El hombrecito soñaba con ser cantante de ópera. 
Famoso. 
Entonces, llevaría trajes de color rojo, azul, amarillo... trajes brillantes y luminosos. 
Cuando pensaba aquellas cosas, el hombrecito se emocionaba. 
Se le hinchaba el pecho de notas musicales, parecía que le iba a estallar. 
Tenía que correr a la terraza y... 
-¡Laaa-lala la la la laaa...! 
El canto que llenaba sus pulmones volaba hasta las nubes. 
Pero nadie comprendía a nuestro hombre. 
Nadie apreciaba su arte. 
Los vecinos que regaban las plantas, como sin darse cuenta, le echaban una rociada con la regadera. 
Y el hombrecito vestido de gris entraba en su casa, calado hasta los huesos. CONTINUAR LEYENDO