miércoles, 14 de febrero de 2018

Mereces un amor. Un poema de Frida Kalho.


“Mereces un amor que te quiera despeinada, 
con todo y las razones que te levantan de prisa, 
con todo y los demonios que no te dejan dormir.

Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse al mundo si camina de tu mano, 
que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.

Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que mira tus ojos,
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.

Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te apoye en tus ridículos,
que respete que eres libre,
que te acompañe en tu vuelo, que no le asuste caer.

Mereces un amor que se lleve las mentiras,
que te traiga la ilusión,
el café y la poesía.”


"Por cuatro esquinitas de nada". Un cuento de Jérôme Ruillier.




martes, 13 de febrero de 2018

Carlos García Gual: “Los alumnos pasan mucho tiempo con el móvil. No saben nada”

Tiene algo de exótico un catedrático (emérito) de Filología Griega en un mundo que le ha vuelto la espalda a los saberes clásicos. Por eso mismo, dice Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) hace falta “ir a las barricadas”, para seguir peleando por que a las humanidades les quede al menos un rincón. Escritor, crítico, ha recibido dos veces el Premio Nacional por algunas de sus muchas traducciones. Dirige la colección Biblioteca Clásica Gredos. Por dar noticia de la variedad de sus intereses, basta con citar algunos de sus libros: Epicuro, La secta del perro, Diccionario de mitos, Las primeras novelas, Sirenas: seducciones y metamorfosis o el último, La muerte de los héroes. Hace poco fue elegido para ocupar el sillón J de la Real Academia Española. De dónde viene, cómo fue su historia, qué España le tocó vivir: de eso tratamos en su casa de Madrid para averiguar cómo terminó convirtiéndose en un hombre sabio, un título que le otorgan sin la menor discusión cuantos lo conocen y lo han leído.

Empieza ya entonces a leer. Mi abuelo tenía una biblioteca bastante grande y muy bien ordenada, a diferencia de la mía. La suya debía de tener 4.000 o 5.000 ejemplares y se pasó la vida ocupándose de ella. Era un hombre muy disciplinado, se levantaba a las ocho de la mañana y se acostaba a las doce de la noche después de escuchar Radio París. Siempre hacía lo mismo. Poseía unas libretas donde tenía catalogados todos sus ­libros. Tuve también un tío que escribía en los periódicos. Mi abuelo no. Se sabía poesías de memoria. Le gustaban mucho Amado Nervo, Rubén Darío y, un poco menos, Unamuno. Tenía toda la obra de Blasco Ibáñez, al que yo nunca leí por prejuicios.

[...] ¿Cómo era el Madrid de aquellos años? Me gustó mucho. Fui del mismo curso que Manuel Gutiérrez Aragón, Carlos Piera, Jesús Muñárriz, Lourdes Ortiz... Era una universidad muy politizada, aunque no todo el mundo lo estuviera. Algunos de mis amigos pertenecían al partido comunista. Participe en la manifestación de 1965. Me detuvieron, pero durante poco tiempo. Más adelante conocí a García Calvo y a Tovar. Entonces se leía mucho, fuera de los textos obligatorios. Era la época del existencialismo, de Sartre y Camus, a quienes se los conocía bien. Los más finos leían a Guillén o a Aleixandre. Era un mundo donde no había televisión, donde no había pantallas, y el cine español tenía cosas interesantes, no solo las comedias de Landa. Tuvo mucho éxito en aquella época la novela Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos. Todo eso ha ido desapareciendo. Ahora los alumnos leen muy poco. Fuera de lo que es obligatorio, no saben nada. Pasan mucho tiempo dedicados al móvil y no les queda casi nada para leer.

[..] Eso le debe parecer un horror, ¿no? Soy sobre todo lector y todo lo que he escrito tiene que ver más con mis lecturas y menos con mis experiencias personales. Para mí, leer es entrar en un mundo de horizontes casi diría que infinitos. Y donde hay figuras dramáticas y situaciones y épocas que son mucho más interesantes que mi propio contexto. Quien no lee está limitado a sus circunstancias más próximas: los vecinos, la tele, los juegos. Para mí, la lectura es como un campo de ­correrías. Siempre he leído y he escrito lo que me ha gustado. Seguramente por eso soy mal ejemplo para filólogos. Decía Martín de Riquer en una entrevista, aunque no es del todo exacto: “Yo no he trabajado nunca. Todo lo he hecho por placer”. Yo creo que no es incompatible lo uno con lo otro, pero a mí me pasa lo mismo: todo lo he hecho por placer. Cuando llegue al más allá no haré reclamaciones.

[...] ¿Cómo ve las cosas ahora? Hay un prejuicio funesto que es el de la rentabilidad. Obtener algo de inmediato, que la gente estudie para colocarse. Conocer unas cuantas materias y un poco de inglés. Creo que todo eso es un empobrecimiento. El ser humano tiene unas capacidades imaginativas, y de memoria y de entendimiento, que se abren con la cultura. Pero eso a los Gobiernos de ahora no les interesa. No es rentable para ellos como políticos y, piensan, tampoco es rentable para los que tienen que colocarse. Pero reducir la vida a eso es un poco triste. Hay tiempo para todo: se puede ser un buen lector y un buen ingeniero. Esta es una batalla, la batalla de las humanidades, perdida. En grandes líneas. Pero puede haber focos de resistencia. Hay que volver a las barricadas, individuales y de pequeños grupos. El lector seguirá existiendo, aunque sea en este mundo hostil. Serán minoría, pero existirán. La lectura está unida a la crítica y a los grandes horizontes. La gente que no lee es gente de mentalidad muy reducida: viven en la prisión del presente.

¿Hay alguna salida? Es difícil. La vulgaridad tiene siempre a su favor la facilidad. Es muy fácil ser vulgar, ser como todos, el mínimo común denominador. Es lo que hay.

Fuente: elpais.com

domingo, 11 de febrero de 2018

TAL VEZ MI ÚLTIMA CARTA A MEHMET. Nazim Hikmet, poeta turco.

Este poema lo escribe en el exilio, alejado de su esposa y de su hijo, solo en su soledad y sintiéndose ya enfermo. Es un texto de despedida en le que, en breves líneas, trata, desde el profundo amor que siente y desde la insoportable lejanía, de aconsejar a su hijo sobre la vida.

TAL VEZ MI ÚLTIMA CARTA A MEHMET

Por una parte los verdugos como un muro nos separan
Y además este cochino corazón me ha hecho una malvada jugarreta
Mi niño, mi Memet quizá la suerte no me permitirá volver a verte
Lo sé tú serás un muchacho a la espiga de trigo parecido
Cuando joven yo también era así de elevada estatura, rubio, esbelto
Vastos serán tus ojos como los de tu madre
con un rastro de pena amarga a veces.
Tendrás la frente inmensamente clara
y una voz muy hermosa
Atroz era la mía
Cuando cantes habrás de desgarrar los corazones
Y sabrás conversar brillantemente
Yo también fui un maestro en la materia cuando no me irritaban
Desde tu boca brotará la miel ¡Ah, Memet, qué verdugo serás de corazones!
No es fácil educar a un hijo sin su padre
No apenes a tu madre. 
Yo no he podido darle la alegría
Que la tenga de ti
Tu madre como la seda fuerte, dulce como la seda.
Tu madre será bella aún a la misma edad de las abuelas
como aquel primer día en que la vi cuando tenía diecisiete años a la orilla del Bósforo
Era el claro de luna era el claro del día
semejante a la fruta más perfecta (*)
Tu madre 
Una mañana, como de costumbre
nos separamos ¡hasta luego!
Era para no vernos nunca más
Tu madre es la más bondadosa de las madres
Que ella viva cien años y que Dios la bendiga
Mi hijo, mi Memet, yo no temo morir
pero a pesar de todo a veces, trabajando,
o en esa soledad precursora del sueño
repentinamente siento un sacudimiento
Contar los días es difícil
Uno no puede hartarse del mundo
Memet no puede hartarse
No vivas en la tierra como un inquilino
ni en la naturaleza al modo de un turista
Vive en este mundo cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos en la tierra, en el mar,
pero ante todo en el hombre.
Ama la nube, la máquina y el libro
pero ante todo, ama al hombre
Siente la tristeza de la rama que se seca del planeta
que se extingue del animal inválido
pero siente ante todo la tristeza del hombre.
Que todos los bienes terrestres te prodiguen la alegría
Que la sombra y la luz te prodiguen la alegría
Que las cuatro estaciones te prodiguen la alegría
Pero ante todo, que el hombre te prodigue la alegría.
Nuestra patria, Turquía es un país hermoso entre tantos países
y sus hombres los que no están falseados
son laboriosos meditativos y valientes pero atrozmente miserables
Se ha sufrido, se seguirá sufriendo todavía,
pero a pesar de todo habrá un futuro espléndido.
Tú en nuestra tierra, con tu pueblo construirás el comunismo
Con tus ojos lo verás
Con tus manos lo tocarás.
Memet, yo moriré tal vez
muy lejos de mi idioma lejos de mis canciones
muy lejos de mi sal y de mi pan
con la nostalgia de tu madre y de ti
y de mi pueblo y de mis camaradas 
Pero no en el exilio
Mas no en el extranjero
En el país de mis sueños moriré
En la blanca ciudad de mis más bellos días
Memet, mi niño
Te confío al partido comunista de Turquía
Me voy pero estoy calmo
La vida que se va extinguiendo en mí
proseguirá por largo tiempo en ti y en nuestro pueblo, eternamente.

(*) 
Semejante a la fruta más perfecta: Aquí el poeta ha incluido una expresiónturca, que resulta imposible traducir a otras lenguas, y que implica dos graciosas imágenes. Llama a la amada «ciruela del alma», como popularmente se designa en Turquía a la más apetitosa de las ciruelas cuando está verde aún. Alude, a la vez, a aquella que en los cuentos de hadas de Oriente es llamadala bella entre las bellas, «la bella del mundo».

Nazım Hikmet
Nazım Hikmet Ran ( SalónicaImperio Otomano20 de noviembre de 1901 - Moscú3 de junio de 1963) fue un poeta y dramaturgo turco, considerado en Occidente el poeta más importante en lengua turca del siglo XX. Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. Largamente exiliado de su país de origen a causa de su militancia comunista, murió en 1963 como ciudadano polaco.
Nació en la ciudad de Salónica, actualmente Tesalónica, en Grecia, pero que en la época de su nacimiento formaba parte del Imperio Otomano. Aunque en realidad había nacido dos meses antes, su nacimiento se registró el 15 de enero de 1902, y ésta fue considerada la fecha oficial . Su padre, Nazım Hikmet Bey, era un alto funcionario imperial, y su madre, Ayşe Dshalila, una destacada pintora. Estudió en el instituto francés Galatasaray de Estambul, y más adelante en la escuela naval de Turquía, aunque no llegó a embarcarse a causa de su estado de salud. Durante la guerra de independencia, se unió a Atatürk en Anatolia y ejerció de maestro en Bolu. En 1921, impresionado por la revolución rusa, viajó a la Unión Soviética. Estudió sociología y ciencias económicas en laUniversidad de Moscú e ingresó en el partido comunista turco.
En diciembre de 1924 regresó a Estambul y se incorporó a la redacción del diario Aydınlık (Claridad), órgano del Partido Comunista, que fue clausurado por las autoridades en febrero de 1925, coincidiendo con las medidas excepcionales que el Gobierno había adoptado tomando como pretexto un alzamiento kurdo. Los colaboradores de Aydınlık fueron detenidos y procesados. Nazım Hikmet logró evitar ser arrestado huyendo a Esmirna y pasando a la clandestinidad. Juzgado en rebeldía, fue condenado a 15 años de cárcel, por lo que, en septiembre de 1925, volvió a escaparse a la Unión Soviética. Allí tomó parte en la creación de un teatro-estudio (METLA), que desapareció en marzo de 1927.
Regresó a Turquía en 1928, sin pasaporte, y, tras pasar seis meses en prisión, se dedicó a escribir para el diario Akşam poemas, novelas, relatos, artículos, ensayos y teatro. En 1929 publicó sus libros de poemas 835 lineas, La Gioconda y Si-Ya-U. En esta época formó parte también del comité de redacción de la revista vanguardista Resimli Ay (Mensual Ilustrado), que causó gran revuelo en medios intelectuales. Conoce entonces a su futura primera esposa, Pirayé, que entonces contaba apenas 22 años.
En 1930 publica dos nuevos poemarios, Varan 3 (Y van 3) y 1+1=2, el segundo en colaboración con Nail V. (Nail Çakirhan); en 1931, La ciudad que perdió la voz, ilustrada por Abidin Dino; y, en 1932, la antología de poemas Telegrama nocturno, y ¿Por qué se ha suicidado Benerci?. También escribió obras teatrales: Kafatası (El cráneo) y La casa de un muerto, estrenadas ambas en Estambul en 1932.
En 1933 fue detenido y encarcelado, acusado de asociación ilegal y de pretender implantar el régimen soviético, aunque en 1935 se benefició de una amnistía general. Al salir de la cárcel contrajo matrimonio con Pirayé. En los años treinta publica dos de sus obras más importantes: los poemas narrativos La epopeya del jeque Bedreddin (Şeyh Bedrettin Destanı, 1936), en la que glosa la figura de un líder religioso revolucionario del siglo XIV; y Cartas a Taranta Babd (Taranta Babu'ya Mektuplar, 1935), sobre la invasión de Etiopía por las tropas de Mussolini.
En 1938 fue condenado a 28 años y 4 meses de prisión por sedición. Pasó doce años en la cárcel. En la prisión de Bursa conoció a los jóvenes Orhan Kemal, futuro gran escritor, e Ibrahim Balaban, que alcanzaría el éxito con su obra pictórica. Durante su permanencia en prisión contrajo matrimonio con Münevver Andaç (fue su segundo matrimonio). En la cárcel escribió sus Poemas de las 22-23 horas, y su obra más ambiciosa, Paisajes humanos de mi país, en la que se proponía retratar a su pueblo en diferentes momentos históricos.
Gracias a una importante campaña internacional para pedir su liberación, es amnistiado en 1951. Ese mismo año abandona Turquía para siempre. Despojado de su nacionalidad turca, terminó su vida en el exilio como ciudadano polaco. Murió de un ataque al corazón en Moscú.
Hıkmet abandonó las formas métricas tradicionales de la poesía turca en busca de nuevas formas de expresión. Esta búsqueda formal alcanzó su momento culminante durante sus primeros años en la Unión Soviética, entre 1922 y 1925. En esta época comenzó a utilizar el verso libre. Su obra está muy influenciada por la poesía de Mayakovski y de los futuristas rusos.
La obra de Hıkmet se caracteriza por el compromiso político. Uno de sus poemas, traducido al inglés como "I Come and Stand at Every Door", musicado por varios cantautores norteamericanos (entre ellos Pete Seeger y los Byrds, en cuyo disco Fifth Dimension figura la canción), da la palabra a un niño de siete años fallecido en Hiroshima, y es uno de los más duros alegatos contra la guerra jamás escritos.
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Traducciones al español:
Duro oficio el exilio, Ediciones Lautaro, Buenos Aires, 1959 (también en La Habana, 1975 y Batlló, Barcelona, 1976).
La miel de la esperanza y otros poemas precedidos de un mensaje a los poetas, La Habana, 1961
Selime, hijo de Chabane y su libro, Veracruz, Instituto Veracruzano de Cultura (Cuadernos del Baluarte), 1995
Leyenda de amor (pieza en tres actos y cinco cuadros), Ariadna, Buenos Aires, 1964
Antología, Visor, Madrid, 1970. ISBN 84-7053-024-0. Traducción de Soliman Salom
La vida es linda, hermano, Futuro, Buenos Aires, 1965
Antología poética, Quetzal, Buenos Aires, 1974
Poemas, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1978
La nube enamorada, Guadarrama, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 1989
Últimos poemas I (1959-1964-1961), Guadarrama, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2000

viernes, 9 de febrero de 2018

"Hijo solo". Un cuento del escritor peruano José Mª Arguedas, referenciado por Sarah Hirschman en su libro "Gentes y cuentos".

Llegaban por bandadas las torcazas a la hacienda y el ruido de sus alas azotaba el techo de calamina. En cambio las calandrias llegaban solas, exhibiendo sus alas; se posaban lentamente sobre los lúcumos, en las más altas ramas, y cantaban.

A esa hora descansaba un rato Singu, el pequeño sirviente de la hacienda. Subía a la piedra amarilla que había frente a la puerta falsa de la casa y miraba la quebrada, el espectáculo del río al anochecer. Veía pasar las aves que venían del sur hacia la huerta de árboles frutales.

La velocidad de las palomas le oprimía el corazón; en cambio, el vuelo de las calandrias se retrataba en su alma, vivamente, lo regocijaba. Los otros pájaros comunes no le atraían. Las calandrias cantaban cerca, en los árboles próximos. A ratos, desde el fondo del bosque, llegaba la luz tibia de las palomas. Creía Singu que de ese canto invisible brotaba la noche porque el canto de la calandria ilumina como la luz, vibra como ella, como el rayo de un espejo. Singu se sentaba sobre la piedra. Le extrañaba que precisamente al anochecer se destacara tanto la flor de los duraznos. Le parecía que el sonido del río movía los árboles y mostraba las pequeñas flores blancas y rosadas, aun los resplandores internos, de tonos oscuros, de las flores rosadas.

Estaba mirando el camino de la huerta, cuando vio entrar en el callejón empedrado del caserío un perro escuálido, de color amarillo. Andaba husmeando, con el rabo metido entre las piernas. Tenía “anteojos”, unas manchas redondas de color claro arriba de los ojos.

Se detuvo frente a la puerta falsa. Empezó a lamer el suelo donde la cocinera había echado el agua con que lavó las ollas. Inclinó el cuerpo hacia atrás; alcanzaba el agua sucia estirando el cuello. Se agazapó un poco. Estaba atento, para saltar y echarse a correr si alguien abría la puerta. Se hundieron aún más los costados de su vientre; resaltaban los huesos de las piernas, sus orejas se recogieron hacia atrás; eran oscuras por las puntas. CONTINUAR LEYENDO

"Un lector". Un poema de Jorge Luis Borges.

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído.
No habré sido un filólogo,
no habré inquirido las declinaciones, los modos,
la laboriosa mutación de las letras,
la de que se endurece en te,
la equivalencia de la ge y de la ka,
pero a lo largo de mis años he profesado
la pasión del lenguaje.
Mis noches están llenas de Virgilio;
haber sabido y haber olvidado el latín
es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria,
su vago sótano
la otra cara secreta de la moneda. .
Cuando en mis ojos se borraron
las vanas apariencias queridas,
los rostros y la página,
me dí al estudio del lenguaje de hierro
que usaron mis mayores para cantar
espadas y soledades,
y ahora, a través de siete siglos,
desde la Ultima Thule,
tu voz me llega, Snorri Sturluson.
El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa
y lo hace en pos de un conocimiento preciso;
a mis años, toda empresa es una aventura
que linda con la noche.
No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
la tarea que emprendo es ilimitada
y ha de acompañarme hasta el fin,
no menos misteriosa que el universo
y que yo, el aprendiz.